Montañismo.

El montañismo actualmente es una disciplina deportiva que consiste en la ascensión de montañas y en el conocimiento de técnicas y habilidades para cumplir tal fin. Desde tiempos ancestrales, las montañas han servido como altares naturales, lugares sagrados para ponerse en contacto con aquel que el ser humano considere su ser supremo. Se ha dividido en áreas dependiendo de las actividades realizadas, por ejemplo el senderismo, el excursionismo, la expedición, la escalada deportiva, el barranquismo y la escalada en hielo. Además, quienes lo practican lo consideran como un verdadero estilo de vida y una forma de experimentar e interpretar el mundo que los rodea.

Lo necesario para la práctica:

El equipo, el alimento, la actitud y los requirimientos físicos.
El equipo básico:
- Mochila. Del tamaño y capacidad adecuadas para la actividad, resistente, impermeable si es posible, idealmente con arnés y de cinchas gruesas acolchonadas. (Ver peso de mochila en tabla.)
- Bolsa de dormir. Especialmente necesaria para la pernocta, sobre todo para altitudes y climas fríos y para mantenerse alejado de insectos.
- Calzado. Resistente y cómodo, lo suficiente como para soportar todo tipo de terreno, que no resbale en superficias húmedas o pedregosas.
- Ropa. Pantalones largos y cortos, camisas para protegerse de las espinas y de insectos, cualquier accesorio que proteja del sol como gorras, sombreros, etc. y pañoleta. (Ver lista.)
- Cantimplora o recipiente para transportar agua entre 1 a 3 litros.
- Utensilios como cacerola, plato y cubiertos para cocinar y consumir alimentos.

Alimento:
Todo tipo de alimentos entre frutas, legumbres, y carbohidratos el primer día, los cuales proveen al cuerpo de suficiente energía para una caminata entre 6 y 7 horas.
Agua.

Actitud:
El respeto mutuo y la colaboración para llevar a cabo las actividades es importante en el éxito de las jornadas.
El entusiasmo por la aventura y el compañerismo deben ser la norma entre los montañistas, sobre todo para darse ánimo y ayudarse mutuamente en cualquier limitante.

Requerimientos físicos:
No se requieren dotes especiales para llevar a cabo esta actividad, no se debe ser un atleta ni se necesita entrenamiento especial, pero sí son importantes:
- La flexibilidad (al saltar, agacharse, inclinarse o vadear obstáculos en el camino).
- La resistencia (para soportar una larga caminata).
- La fuerza (para subir y bajar el terreno, para cargar la mochila y equipo).
- El balance (al cruzar ríos o quebradas, atravesar veredas angostas y/o llenas de matorrales).

También se debe considerar realizar esta actividad si:
- Padece de alguna enfermedad que requiera de atención médica de urgencia (diabetes, hipertensión, etc.).
- Padece de enfermedad respiratoria.
- Se es alérgico a los insectos (llevar lo necesario para contrarrestar los síntomas de picadas u otros).
- Tiene lesiones en huesos, músculos o articulaciones.
- No se tiene la capacidad de cargar su propia mochila y equipo (ver tabla de peso mínimo y máximo de la mochila con respecto al peso corporal).

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lunes, 28 de marzo de 2016

De donde nació nuestro interés por las montañas.

Practicar un deporte al aire libre en nuestro país parece una actividad descabellada y peligrosa para muchos pues los medios de comunicación a diario nos bombardean delincuencia, crimen, corrupción, impunidad..., al alejarnos de las aglomeraciones de gente y dejar las tecnologías que no nos permiten comunicarnos interpersonalmente ni con el medio ambiente, nace la búsqueda del ser humano a verse tal cual es en la naturaleza; de la exploración de otras tierras y de sí mismo a través de caminatas largas y agotadoras, nace una mística interna que entra en armonía con el silencio externo de los bosques.

Habrá sido por el azar en que una vez allá por enero de 1998, junto a dos amigos nos encontramos caminando una larga calle empinada, cargando sendas mochilas y mal preparados pues se trataba de nuestro primer viaje.
Todo aquello que se nos mostraba por primera vez a tres citadinos nos sorprendió muchísimo, al punto de no creer que aquel paraje estuviese en nuestro propio El Salvador: montañas llenas de bosques casi interminables, aromas de campo, sonidos de la naturaleza que no conocíamos, como si de un cuento se tratara.
El agotamiento nos ganó la partida y llegamos a un refugio en el que apenas cabíamos junto a una familia de murciélagos, arriba retumbaba el viento sobre las copas de los árboles de tal manera que nos hacía pensar en el mar por la furia en que azotaba... apenas encendiendo fuego y durmiendo casi encima de piedras, pasamos la noche en un lugar que nos pareció el más lejano de nuestra tierra.

Casi veinte años después, atendiendo el llamado de las montañas para rendir ofrendas, continuamos ascendiendo esas pirámides naturales donde Nuestros Ancestros vieron el nacimiento de nuestra civilización. El llamado sigue siendo fuerte y hemos conocido cumbres sólo conquistadas por jaguares, armadillos, zorrillos, serpientes de coral, ardillas, halcones, guardabarrancos e infinidad de insectos, algunos hasta desconocidos para nosotros, sin mencionar la inmensa variedad de plantas y árboles.

Las montañas se han vuelto nuestro hogar momentáneo, donde la paz, el silencio, la inocencia y la armonía reinan en contraste con el ruido y la contaminación de las ciudades, donde todo parece el reino de Xibalbá.